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Guadalajara, Jalisco a 27 de Junio del 2024
En junio del año 2021 📅, el libro "Pensamiento Adictivo" del Dr. Abraham Twerski 📖 se convierte en una fuente esencial de información para mí, iluminando una parte clave de mi proceso de aprendizaje de mis adicciones. A través de datos precisos y ejemplos auténticos basados en su vasta experiencia en el tratamiento de adicciones 🧠, el Dr. Twerski me acompaña a entender mejor los pensamientos catastróficos que a menudo invaden mi mente sin motivo aparente.
Hoy, comparto contigo aspectos destacados del fascinante Capítulo 9, "Las expectativas mórbidas" (p.81) 📚.
Agradezco tu compañía en este camino, que disfrutes. 🤍
En mi proceso de entender mi adicción y sus implicaciones, me doy cuenta de que una constante es mi tendencia —y la de muchas personas con pensamiento adictivo— a sentir aprensión y anticipar desastres sin una razón lógica aparente. A este fenómeno se le llama “expectativas mórbidas” y es muy común en quienes vivimos desde un trastorno por adicciones.
La vida está llena de experiencias agradables y desagradables y la mayoría de las personas atraviesan por ambas. Sin embargo, quienes nos vivimos en este trastorno solemos preocuparnos y anticipar sucesos negativos con mucha más frecuencia que los demás.
En mi proceso de entender este fenómeno y sus implicaciones, me doy cuenta de que mi actitud muchas veces se parece más a la del pesimista que describe Twerski. Ante algo agradable, en lugar de disfrutarlo, tiendo a preocuparme de que "algo más va a pasar”. Me cuesta algo de trabajo adicional ver lo positivo en las cosas positivas y suelo encontrar pequeños detalles para complicar mi vida o la de los demás.
Como pensador adictivo, existe la sensación de que no tengo suerte. Me invade el temor de que todo lo que parece funcionar bien tarde o temprano fallará. Este patrón puede ser tan fuerte que incluso cuando estoy a punto de alcanzar el éxito, me descubro saboteándome a mí mismo. ¡Esta parte, a mí, me resulta demasiado familiar!
En mi caso, la adicción se convirtió en un método de supervivencia frente a una vida abrumadora, llena de estímulos agradables y desagradables. Para mí, fue una manera de sobrellevar la sobrecarga emocional y mental. Sin darme cuenta, la percepción equivocada y el ciclo de pensamientos negativos mantuvieron mi dependencia y crearon un círculo vicioso complicado de romper.
Sabiendo que, cuando me descubro anticipando resultados negativos, estoy preparando un terreno poco sano para mí: me limito, dejo de tomar riesgos sanos que podrían ser valiosos y me alejo de oportunidades que me harían crecer. Elijo reconocer estos patrones de pensamiento con cariño, darles salida y trabajar de manera activa para transformarlos en algo más constructivo. Al hacerlo, me acerco a una vida más plena y a un proceso de recuperación más ligero y esperanzador.
Las expectativas mórbidas no son algo extraño para mí. Sé que no estoy sol@ en esto y me recuerdo que puedo elegir conscientemente pensamientos positivos que pueden balancear mi vida diaria y mi proceso de recuperación. Algo tan sencillo como enderezar mi espalda sin tensión, levantar la frente y dibujar una sonrisa genuina en mi rostro, me permite observar la calidad de los nuevos pensamientos que llegan a mi mente.
Practico la auto-reflexión: me tomo un momento para observar mis pensamientos y cuestionar su lógica. Me pregunto si realmente existe evidencia para anticipar un desastre. Al hacerlo, me doy la oportunidad de abrir espacio a pensamientos más claros y constructivos.
Encuentro apoyo especializado: hablo con mi terapeuta o con mi grupo de apoyo sobre mis preocupaciones. Al compartir estos pensamientos con otras personas, me doy la oportunidad de verlos desde una perspectiva diferente. Reconozco que abrirme y expresar lo que siento me ayuda a aliviar la carga y a fortalecer mi proceso de recuperación.
Mantengo una mentalidad positiva sana: elijo ver las dificultades como oportunidades de crecimiento, mantengo mi confianza, mi gratitud y equilibrio emocional. Llevo un diario de gratitud para recordar los aspectos positivos de mi día a día. Al hacerlo, cultivo una mirada más esperanzadora y me fortalezco en mi proceso de recuperación.
Tomo decisiones informadas: evito decidir desde el miedo. Me detengo a analizar las situaciones de manera objetiva. Elijo actuar con claridad y confianza, tomando decisiones conscientes que me acercan a mi bienestar y recuperación.
Establezco una rutina saludable: la estructura y la rutina me brindan un ancla en momentos de incertidumbre. Incluyo actividades que fortalecen mi bienestar físico y emocional, como el ejercicio regular, una alimentación equilibrada y espacios para la relajación. Al mantener esta rutina, me siento más estable, con energía y con mayor claridad para avanzar en mi proceso de recuperación.
Busco actividades de distracción positiva 🌄: a veces, desviar mi atención de los pensamientos desagradables me resulta muy útil. Participo en hobbies o actividades que yo disfruto y que me ayudan a desconectar de las preocupaciones. Al hacerlo, me regalo momentos de calma y bienestar que fortalecen mi recuperación
Cultivo la paciencia y la autocompasión: reconozco que la recuperación es un proceso gradual, me permito ser paciente conmigo mismo y entiendo que es normal tener altibajos. Me trato con la misma compasión y comprensión que ofrecería a un amigo en una situación similar.
Exploro técnicas de manejo del estrés: la meditación, la respiración profunda y otras prácticas me ayudan a calmar la mente. Al aplicarlas, reduzco la ansiedad que alimenta mis expectativas mórbidas. Me permito encontrar serenidad y claridad en medio de los momentos difíciles, fortaleciendo mi proceso de recuperación.
Como te puedes dar cuenta, contrarrestar este tipo de situaciones se trata más de desviar la atención, cuestionarme e interactuar, que de evitar este tipo de pensamientos. Con el tiempo y la práctica constante, llega un momento en el que estos pensamientos dejaron de ser tan recurrentes.
La consejería en adicciones puede aportar de manera significativa a mitigar las expectativas mórbidas porque ofrece un espacio seguro y estructurado donde la persona aprende a reconocer, cuestionar y transformar sus pensamientos negativos.
A través de la psicoeducación, se comprende cómo estas expectativas se relacionan con la ansiedad y la recaída; mediante técnicas cognitivo-conductuales, se identifican y reemplazan los pensamientos catastróficos por percepciones más realistas; y con el entrenamiento en habilidades de afrontamiento, se fortalecen recursos como la respiración consciente, la meditación o actividades de distracción positiva que reducen la tensión emocional.
Además, el acompañamiento empático del consejero valida la experiencia de la persona y refuerza la idea de que no está sola en su proceso. La consejería fomenta redes de apoyo y rutinas saludables que brindan estabilidad y esperanza, ayudando a construir un camino más sólido hacia la recuperación.
Las expectativas mórbidas son un obstáculo superable. Con el acompañamiento adecuado y un enfoque consciente, podemos superarlas y avanzar hacia una vida más equilibrada y saludable.
A medida que progresamos en nuestra recuperación, es importante rodearnos de una red de apoyo que incluya amigos, familiares y profesionales que entienden nuestro viaje y están allí para ayudarnos a lo largo del camino. La recuperación no es solo un destino, sino un viaje continuo de crecimiento y fortalecimiento personal. 💪
Al compartir nuestras experiencias y aprendizajes, no solo nos ayudamos a nosotros mismos, sino que también brindamos esperanza y apoyo a quienes se enfrentan a desafíos similares. Juntos, podemos superar las expectativas mórbidas y construir una vida llena de salud, equilibrio y bienestar.
Gracias por acompañarme en este proceso de autodescubrimiento y recuperación.
🙏